Ciudad De México, 30 de marzo de 2026.- Investigaciones recientes alertan sobre los riesgos que representan para la salud el consumo excesivo de azúcar, sal y alimentos ultraprocesados, revelando impactos que van desde modificaciones cerebrales hasta enfermedades cardiovasculares y renales.
Según datos de estudios citados por debate.com.mx, más del 60% de los productos disponibles en supermercados contienen azúcares añadidos. Una sola lata de Coca-Cola puede aportar alrededor de 10 gramos de azúcar, mientras que una sopa de tomate enlatada puede contener entre siete y ocho cucharaditas. En algunas poblaciones, el consumo promedio diario de azúcar añadido alcanza las 17 cucharaditas.
La especialista Nicole Avena advirtió que “el consumo crónico excesivo puede modificar las vías neuronales, generando patrones similares a los observados en trastornos por consumo de sustancias”. El consumo elevado se considera superar las seis cucharaditas diarias en mujeres y nueve en hombres, lo cual puede derivar en caries dentales, fatiga persistente, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Estas dietas también se han relacionado con trastornos neurológicos, demencia y ciertos tipos de cáncer.
Respecto al consumo de sal, un estudio de Vanderbilt Health concluye que un alto consumo representa un factor de riesgo independiente para desarrollar insuficiencia cardíaca, incluso en personas aparentemente sanas. El análisis se realizó con una población del sureste de Estados Unidos con un consumo promedio de aproximadamente 4.200 miligramos de sodio diarios, cuando el límite recomendado es de 2.300 miligramos. Este nivel de consumo se asocia con un aumento del 15% en el riesgo de nuevos casos de insuficiencia cardíaca. Reducir el consumo a 4.000 miligramos diarios podría disminuir los casos en un 6.6% en diez años.
En otro orden, investigaciones de la Universidad de Harvard y su escuela de salud pública han puesto en duda que contar calorías sea un método único para reducir grasa abdominal, ya que el cuerpo responde también a la calidad de los alimentos, el metabolismo y factores hormonales. Los alimentos ultraprocesados suelen provocar picos de glucosa e insulina, lo que favorece el almacenamiento de grasa. Reducir calorías de forma excesiva puede generar un estado de ahorro energético conocido como adaptación metabólica, que dificulta la pérdida de grasa.