Canterbury, 27 de marzo de 2026.- Sarah Mullally fue entronizada este miércoles 25 de marzo como la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispa de Canterbury, convirtiéndose en la líder espiritual de la Iglesia anglicana y rompiendo una tradición de casi 1,400 años reservada exclusivamente para hombres. La ceremonia, realizada en la catedral de Canterbury, marca un hito institucional para la comunión que agrupa a millones de fieles a nivel global, consolidando un proceso de apertura iniciado hace décadas dentro de la jerarquía eclesiástica.
Mullally, de 63 años de edad y con antecedentes profesionales en el sistema de salud británico donde se desempeñó como jefa de enfermería, asumió formalmente la primacía de la Iglesia de Inglaterra. Durante la investidura, la nueva arzobispa recibió el báculo en un acto solemne al que asistieron los príncipes de Gales; sin embargo, existe una discrepancia en las coberturas periodísticas respecto a la denominación de los royals en español, ya que algunas fuentes los identifican como Guillermo y Catalina, mientras que otras utilizan los nombres William y Kate.
El ascenso de Mullally a la máxima sede episcopal es el resultado de cambios graduales en la doctrina anglicana. La institución permitió por primera vez la ordenación de mujeres como sacerdotes en 1994, y posteriormente aprobó su acceso al episcopado en 2015. Este camino habilitó que figuras femeninas comenzaran a ocupar puestos clave, culminando con el nombramiento de Mullally, quien previamente se había convertido en la primera mujer obispa de Londres en 2018.
En su primer mensaje como primada, la arzobispa abordó los desafíos contemporáneos que enfrenta la iglesia, incluyendo la necesidad de transparencia y justicia frente a los casos de abusos históricos dentro de la institución. Reconoció el daño causado a las víctimas a lo largo de los siglos y enfatizó la importancia de la escucha y la sanación, aunque evitó entrar en confrontaciones directas sobre las divisiones teológicas actuales que amenazan con fracturar a la comunión.
La ceremonia también destacó el carácter universal de la iglesia con la presencia de invitados de distintas religiones,包括 cristianos, judíos, musulmanes e hindúes. No obstante, el liderazgo de Mullally ocurre en un contexto complejo, marcado por el crecimiento de sectores conservadores, principalmente en África, que se oponen a la ordenación femenina y a posturas liberales sobre derechos LGBTQ+, movimientos que han manifestado su rechazo a este nombramiento histórico.
