La Guaira, 08 de julio de 2026.- El doble terremoto del 24 de junio convirtió a esta localidad en la zona cero de la peor catástrofe reciente de Venezuela, dejando un saldo de más de 3,600 muertos y 17,345 damnificados, según el reporte oficial más reciente.
Casi dos semanas después del siniestro, al menos una veintena de personas hurga cada día en los escombros en busca de metales reciclables y objetos de valor. La tragedia dejó 856 edificios dañados y 190 colapsados, mientras la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres estima los daños en 37 mil millones de dólares.
Los chatarreros venden cobre y aluminio hasta en cinco dólares el kilo, con ganancias que pueden llegar a 30 dólares por jornada. Algunos han hallado botines de cientos de dólares en efectivo, correspondientes a ahorros de familias sepultadas. Muchos de quienes hoy escarban por mercancía antes lo hacían por personas como rescatistas voluntarios, justo cuando los equipos internacionales se retiran y la maquinaria pesada abre paso.
La situación ha generado cuestionamientos entre los sobrevivientes. “¿Cuál es la necesidad de estar comiendo de los muertos? ¡¿Dónde está el Gobierno?!”, preguntó un pepenador anónimo. Por su parte, un mecánico defendió la actividad asegurando: “Aquí no le robamos nada a nadie. Esto es basura, esto lo están botando”.
El impacto emocional es profundo para quienes trabajan entre los restos. Un joven rescatista describió cómo “bajaba hasta tres pisos de escombros, como si fuera un topo”, y confesó: “Un día tuve pesadillas en las que buscaba entre los restos y de repente alguien salía. Es una vaina terrorífica”.
Otro chatarrero expresó el dolor que implica la labor: “Me pega emocionalmente, porque lo que uno ve aquí son casas de familias demolidas”, añadiendo que “todo tiene un dolor, todo”.
