Ciudad de Mexico, 14 de abril de 2026.- Investigadores del INAH hallaron 16 elementos gráfico-rupestres, entre petrograbados y pinturas, en el Sitio 77, El Venado, ubicado en el cerro homónimo. El hallazgo ocurrió durante los trabajos del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro.
Los elementos se localizan en dos acantilados cercanos al río Tula y la presa La Requena, en las inmediaciones de las comunidades de San José Acoculco, en Atotonilco de Tula, y Benito Juárez, en Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo. El coordinador del proyecto, Víctor Francisco Heredia Guillén, informó que los elementos se hallaron el 3 de enero de 2026.
Por sus características estilísticas, los elementos datan, posiblemente, de la prehistoria y del periodo Posclásico (900-1521 d.C.). Algunas expresiones gráficas están difuminadas debido al paso del tiempo, pero cuya temporalidad se remontaría a la prehistoria, hace más de 4,000 años.
Entre las figuras hay diversos personajes: uno de perfil con una greca escalonada en el pecho y un chimalli en la mano; otro de pie con un tocado y anteojeras, como las de Tláloc, y porta lo que parece una macana; y uno más con un penacho y las extremidades extendidas, con un objeto circular entre las piernas.
También se observa un rostro con nariguera y penacho; un cuadrúpedo, quizá, un venado; y una franja blanca al negativo en medio de colores rojos. Entre las figuras halladas cerca del río Tula se aprecia la representación de un venado y una figura con colmillos, antenas, pechera y anteojeras, similares a las de Tláloc, con patas semejantes a las de un ave.
El arqueólogo Abel José Romero García, miembro del equipo de salvamento, añadió que las pinturas se encuentran en buen estado de conservación. Se presume que las pinturas se elaboraron con pigmentos minerales o vegetales, mientras que los petrograbados están hechos en puntillismo.
Romero García estimó que, en el caso de aquellas de origen prehispánico, posiblemente tengan relación con la etapa final de Tula. La ubicación de las manifestaciones responde a un fin mítico-religioso, tal vez, relacionado con fenómenos astronómicos o calendáricos.
El sitio fue registrado en los años setenta del siglo pasado, dentro del Proyecto Arqueológico Tula, coordinado por el investigador emérito del INAH, Eduardo Matos Moctezuma. Tras su localización, se hizo el registro fotográfico y fotogramétrico de las manifestaciones, lo que permitirá estudiarlas a detalle y fecharlas mediante comparaciones con otras expresiones de este tipo encontradas en la región.
